Las víboras me dan la bienvenida a la familia
Desde un principio, la hermana de María Cornelia —una víbora con todas sus letras— decidió que yo merecía un análisis de antecedentes.
¿Y cómo se hace eso en el mundo real? Exacto: Consiguiendo los números de compañeros de trabajo, de esos bien chismosos que nunca fallan cuando se trata de opinar sin saber.
Y así empezó todo.
Chismes.
Uno detrás de otro.
Historias que no eran ciertas, versiones creativas de mi persona, y un entusiasmo general por construir una imagen mía que no tenía nada que ver conmigo.
Lo curioso es que yo no tenía redes sociales donde exponga mi vida como facebook por ejemplo. Así que, en teoría, no había mucho que “investigar” de mi vida privada.
Lo que ella no sabía es que en ese momento yo tenía tres blogs y dos canales de YouTube. O sea, si realmente querían saber cómo era yo… bastaba con preguntar o buscar un poco en google. Pero bueno, cada uno elige su método de investigación.
Como decía, empezaron los chismes de los densos.
Y yo me enteré de cosas que no solo no eran ciertas, sino que además eran bastante creativas.
En mi cabeza, en ese momento, pensé que era algo normal: la típica desconfianza de una familia que todavía no me conocía.
Spoiler: no era eso.
Entonces decidí hacer lo que haría cualquier persona con exceso de buena fe: ir a hablar con mi suegra.
Otra víbora, de la misma especie que mi cuñada.
Pero en ese momento yo todavía creía que siendo buen tipo uno podía “ordenar” las cosas. Que si te presentás, hablás con respeto y explicás quién sos, todo se acomoda.
Hoy me da risa.
En ese momento me parecía lógica pura, cómo podía fallar.
Fui entonces a hablar con la víbora mayor… eh, digo con la vieja… eh, perdón, con mi querida suegrita.
La vieja me recibió, me agradeció por presentarme y por hablar con ella directamente. Incluso le pedí permiso para poder llegar a su casa sin incomodar a nadie.
Y la vieja me respondió algo que, en ese momento, acepté como si fuera una norma universal:
“Es muy temprano para que vengas, porque recién María Cornelia había terminado una relación de ocho años y qué dirían los vecinos.”
Ocho años.
Yo asentí, considerando que estábamos hablando de lógica social pura.
Me lo tragué sin cuestionar, así como si nada, y encima María Cornelia estaba orgullosa supuestamente de que yo haya hablado como un caballero con su madre.
Luego, 6 años después, me enteraría de que ese “protocolo de espera” no era exactamente parejo para todos.
Porque, curiosamente, otros no necesitaban pedir permiso, ni esperar, ni pasar por ninguna validación familiar. Se encerraban con María Cornelia en la sala y nadie parecía tener objeciones.
Ninguna víbora decía nada. Mucho más adelante, explicaré por qué digo "6 años después"
El problema, aparentemente, sólo era yo, era demasiado serio, y más tarde aprendí que a esa gente no le gusta una persona seria.
Pero eso lo entendí bastante después.
Mucho después.
En ese momento, obedecí.
Y esperé un par de meses para poder presentarme oficialmente como novio.
Comentarios
Publicar un comentario