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El único agradecido no era de la familia

El tío, que en paz descanse, se había enfermado de COVID, en esa época densa que todos recordamos. Aclaro algo: no era tío de sangre de María Cornelia. Tampoco llegué a conocerlo. Era el cuñado de la…de mi querida suegra. En ese contexto, María Cornelia me preguntó si podía ayudar a su prima. Estaban con trámites ante el Ministerio de Salud, no recuerdo exactamente cuáles, pero necesitaban ayuda. Y yo, como ya era costumbre en mí, acepté ayudar. Me escribió entonces un muchacho al WhatsApp casi de inmediato, se identificó como el novio de la prima. Necesitaba ayuda con redacción de notas, trámites, presentaciones. Y como eso es algo que manejo, me puse a ayudar. Y ayudé, nuevamente. Le redacté notas, le di orientación, respondí consultas… sin excusas. Incluso hubo una vez que me escribió de madrugada. Me despertó. Y aun así, por la urgencia del caso, le hice la nota. Así fue durante todo ese proceso. Hasta que el tío falleció. El muchacho me escribió para darme la noticia… y t...

Algo en su familia no cerraba

Bueno, sigamos con la historia de mi relación con María Cornelia. En una publicación anterior había hablado de Barny, también de cómo yo estaba decidido a dejarla y de cómo, una vez más, la historia dio un giro… y terminé no dejándola. Es más, terminé ayudándola. Entonces hice lo que mejor sé hacer: me enfoqué completamente en el caso judicial. Aclaro, soy abogado. En ese momento, sinceramente, creí que todo lo anterior ya había quedado atrás. Pero no me voy a adelantar. Por ese entonces, yo estaba totalmente enfocado en ayudarla. Llegué incluso a exponer mi propio puesto laboral. Era, básicamente, un caballero defendiendo a su dama en apuros. (Sí… ya sé cómo suena eso ahora, no se rían). Con todo esto, empecé a involucrarme cada vez más con su familia. La familia de víboras… eh! perdón, la familia de ella. Y hubo algo que no dejaba de llamarme la atención: la total falta de interés de su entorno en lo que le estaba pasando. Su mamá mostraba una indiferencia llamativa. Su h...

Si te engañaron, leé esto

Hermano o hermana que estás sufriendo una traición, un engaño… te llamo así porque compartimos el mismo dolor. Al leer mi historia, vos te ponés en mi lugar… y yo en el tuyo. Un engaño duele. Duele muchísimo. Y duele más cuando diste todo por una relación que creías estable. Este blog es eso: mi historia. Fui engañado, humillado, tratado de problemático. Vi cómo la persona que me engañaba se hacía la víctima para dejarme a mí como el malo. Sufrí mentiras. En mi cara. Se me negaba lo que yo mismo estaba viendo. Esa persona tenía un talento para distorsionar la realidad en mi contra. La realidad se distorsionaba tanto que, por momentos, yo mismo llegaba a dudar de lo que tenía enfrente, de lo que yo veía. Y sí, hay cosas que voy a contar más adelante que probablemente parezcan inventadas… pero en mi caso, la realidad superó a la ficción. Ese fue uno de los tantos motivos por los que decidí escribir este blog. Contar mi historia. Mi historia de desamor. Mi historia de traicio...

Yo desconfiaba, ella negaba, y otro participaba

Como había dicho en la publicación anterior ( Empezó uno de sus peores engaños ), a mí no me gustaba su comportamiento. Y los reclamos… bueno, los reclamos no servían de mucho. Porque al final siempre era lo mismo: yo era el problemático, yo era el celoso, yo era el malo por reclamar, y —por supuesto— yo era “seguramente” el infiel. Mientras tanto, su comportamiento seguía ahí, presente, pasando frente a mis ojos… y aun así tenía el cinismo de negármelo en la cara. Si bien ella mantenía esas actitudes con varios, como ya conté, había uno en particular que me generaba más sospechas. No porque yo fuera “imaginativo”, sino porque era el que se mostraba más receptivo a todo eso. Pero en algún punto, las cosas empezaron a escapárseles de las manos. El tipo empezó a hacerse más evidente. Más insistente. Más presente. Yo estaba ahí… y aún así, el juego de miradas entre ellos seguía. Era chofer, la llamaremos Barny, y mucho tiempo después descubrí que el tipo era tan desastre que se pros...

Empezó uno de sus peores engaños

Como dije en la publicación anterior, a medida que salíamos ella comenzó a mostrar un comportamiento indeseable frente a mí. Bueno, en el trabajo, en ese momento, ella y yo ya trabajábamos en la misma oficina. Ese comportamiento indeseable descripto en la publicación anterior ahora lo llevó al trabajo. En la oficina había una compañera que no le gustó mucho nuestra relación y entonces intentó alcahuetear a ambos. Yo, por mi parte, no acepté, y de eso se enteró María Cornelia. Claro, ella no tuvo la misma lealtad hacia mí. Por su parte, esa compañera y ella comenzaron a elegir los compañeros más "lindos" para ellas. Así empezó un cruce de sonrisas y miradas con varios de esos tipos frente a mí, en especial con un chofer que realmente se puso pesado con eso de las miradas y sonrisas. De este tipo hablaré después, en la siguiente publicación, porque realmente con este tipo me engañó de una manera tan horrible, que realmente me duele recordarlo. Imaginate: estás hablando co...

Crónica de un adorno en salidas románticas

Como buen novio responsable —o al menos uno que todavía creía en ese concepto— yo quería hacer lo lógico: salir con mi novia. Y sí, salíamos juntos. El problema es que empecé a descubrir un “detalle” de su comportamiento que hasta ese momento no conocía. Cuando salíamos y aparecía algún hombre en escena, ella no es que lo mirara discretamente nomás, como lo haría una persona infiel que no quiere ser descubierta… no. Más bien lo hacía con bastante convicción. Y si encima el hombre le sonreía, ahí se activaba el modo intercambio cultural: miradas, sonrisas, conexión instantánea… y yo en el medio, interpretando el rol de adorno decorativo. Obviamente, yo hacía lo más predecible en una relación: reclamar. Y ella hacía lo más lógico en una relación "seria": enojarse por el reclamo, decir que yo estaba arruinando todo, y en algunos casos incluso terminar convencida de que el problema era yo. Una dinámica muy moderna, verdad?: yo señalaba lo evidente, y ella lo transformaba en ...

Las víboras me dan la bienvenida a la familia

Desde un principio, la hermana de María Cornelia —una víbora con todas sus letras— decidió que yo merecía un análisis de antecedentes. ¿Y cómo se hace eso en el mundo real? Exacto: Consiguiendo los números de compañeros de trabajo, de esos bien chismosos que nunca fallan cuando se trata de opinar sin saber. Y así empezó todo. Chismes. Uno detrás de otro. Historias que no eran ciertas, versiones creativas de mi persona, y un entusiasmo general por construir una imagen mía que no tenía nada que ver conmigo. Lo curioso es que yo no tenía redes sociales donde exponga mi vida como facebook por ejemplo. Así que, en teoría, no había mucho que “investigar” de mi vida privada. Lo que ella no sabía es que en ese momento yo tenía tres blogs y dos canales de YouTube. O sea, si realmente querían saber cómo era yo… bastaba con preguntar o buscar un poco en google. Pero bueno, cada uno elige su método de investigación. Como decía, empezaron los chismes de los densos. Y yo me enteré de cosas que no so...