Si te engañaron, leé esto

Hermano o hermana que estás sufriendo una traición, un engaño… te llamo así porque compartimos el mismo dolor.

Al leer mi historia, vos te ponés en mi lugar… y yo en el tuyo.

Un engaño duele. Duele muchísimo.
Y duele más cuando diste todo por una relación que creías estable.

Este blog es eso: mi historia.

Fui engañado, humillado, tratado de problemático. Vi cómo la persona que me engañaba se hacía la víctima para dejarme a mí como el malo.

Sufrí mentiras. En mi cara.
Se me negaba lo que yo mismo estaba viendo.

Esa persona tenía un talento para distorsionar la realidad en mi contra. La realidad se distorsionaba tanto que, por momentos, yo mismo llegaba a dudar de lo que tenía enfrente, de lo que yo veía.

Y sí, hay cosas que voy a contar más adelante que probablemente parezcan inventadas… pero en mi caso, la realidad superó a la ficción.

Ese fue uno de los tantos motivos por los que decidí escribir este blog.

Contar mi historia.
Mi historia de desamor.
Mi historia de traiciones.

Y también algo importante: nunca le levanté la mano.
Al contrario, ella siempre fue violenta conmigo.

Pero eso también lo voy a mostrar más adelante, porque hay partes que todavía faltan contar.

Yo sufrí mucho. Igual que vos.
Lloré. Me sentí vacío.

Pero en un momento, alguien, la persona menos esperada, y ya se sorprenderán, me dijo algo simple:

“Tenés que aprender a valorarte.”

Y parece una frase hecha… pero no lo es.

Porque me hizo pensar: Si yo mismo me trato como un desecho después de ser engañado, entonces no me estoy valorando y nadie me valorará.

Y si la otra persona actúa como actúa, siendo infiel… eso no significa que el problema sea yo.

Entonces empecé a cambiar mi actitud.

No buscando validación en otra persona, no conviene buscar al momento otra persona.
Al contrario, empecé a buscar mi propia validación.

Empecé a entrenar, a hacer ejercicios.
A vestirme mejor, cambié mi aspecto, me afeité.
A cambiar esa actitud de tristeza constante y de sufrimiento
A mirarme distinto.

Dejé de esperar algo de alguien que ya me había demostrado lo que era y de quien ya no podía esperar más.

Y ahí empezó algo raro… pero real, empezó la magia, encontré la magia en mí, y esa magia reflejaba hacia los demás y ciertamente los demás se percataban que yo estaba cambiando.

Empecé a sentir ese cambio.

Empecé a entender lo que significa quererse a uno mismo.

Hoy, quien escribe estas publicaciones no es el mismo que sufría y lloraba todos los días.

Y por eso te digo algo:

No hagas locuras, nunca hagas locuras.
Tampoco corras a buscar otra persona para tapar el vacío.
Date tiempo, curá tus heridas, si tenés pensamientos recurrentes, cambiá la rutina. Yo buscaba videos graciosos en Youtube o intentaba distraerme ante pensamientos recurrentes.

Date tiempo y saná tus heridas.

Mirate al espejo y decite cuánto valés, llenate de cariño al mirarte al espejo.

Después, lo demás llega solo.

Y más adelante, en esta historia, vas a ver exactamente cómo llegó la magia en mi persona, como comencé a demostrar los cambios en mi actitud, no sólo con los demás y incluso cambié ante ella.

Amate, querete. Vos y yo valemos mucho.

Hermano… amate.
Hermana… amate. 

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