Aparece el novio y otras sorpresitas

En algún momento de esta historia apareció un pequeño detalle que en realidad no era tan detalle: el novio.

Un novio con el que tenía ocho años de relación.
Pero tranquilos, porque según la versión oficial de ella, eso ya estaba terminando… emocionalmente, claro. En la práctica todavía no, pero eso era un tecnicismo nomás.

La descripción venía completa: El novio era un tipo sin futuro, sin ambición, económicamente dependiente de ella, incompatible en todos los sentidos posibles. Un retrato tan bien armado que, sin conocerlo, yo ya odiaba al tipo.

Porque cuando alguien te explica tan bien por qué algo está mal, uno no suele cuestionar demasiado el resto y eso fue lo que me pasó.

La promesa también venía clara: lo iba a dejar y empezar algo conmigo. Algo serio, algo formal. Yo por mi parte estaba ilusionado.

Y sí, lo dejó, y yo feliz, encontré un ángel en mi camino, ...me río de mi yo del pasado.

Ahora pienso que le hice un favor al tipo, ojalá algún día lea este blog para saber de lo que se salvó, se fue él pero yo me quedé con el paquete completo.

Durante bastante tiempo, todo encajó en esa idea cómoda de “historia nueva”. Yo, tranquilo, convencido de que había llegado en el momento justo, a ocupar el lugar correcto con la persona correcta, o al menos eso yo creía.

Lo interesante es que hay historias que no se cierran… se superponen.

Eso no lo supe en ese momento.
Lo supe casi seis años después. En otra publicación voy a explicar a qué me refiero con 6 años después.

Ahí me enteré de un pequeño detalle que no venía en la versión original: durante esos ocho años, la exclusividad del novio era más bien… flexible.

En la versión de María Cornelia, no mencionó que ella engañaba al novio. ..y no era uno. Eran dos.

Dos presencias intermitentes, tipos que no quieren algo serio, de esos que no construyen nada pero siempre están disponibles cuando aparece la oportunidad.

Y yo, mientras tanto, feliz con la versión original.

Convencido de que ya era el novio.

Con el tiempo entendí que no había empezado una historia desde cero.

Había recibido algo ya armado.

Completo.

Sin instrucciones… y con extras incluidos, un paquete completo.

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