El único agradecido no era de la familia

El tío, que en paz descanse, se había enfermado de COVID, en esa época densa que todos recordamos.

Aclaro algo: no era tío de sangre de María Cornelia. Tampoco llegué a conocerlo. Era el cuñado de la…de mi querida suegra.

En ese contexto, María Cornelia me preguntó si podía ayudar a su prima. Estaban con trámites ante el Ministerio de Salud, no recuerdo exactamente cuáles, pero necesitaban ayuda.

Y yo, como ya era costumbre en mí, acepté ayudar.

Me escribió entonces un muchacho al WhatsApp casi de inmediato, se identificó como el novio de la prima. Necesitaba ayuda con redacción de notas, trámites, presentaciones. Y como eso es algo que manejo, me puse a ayudar.

Y ayudé, nuevamente.

Le redacté notas, le di orientación, respondí consultas… sin excusas. Incluso hubo una vez que me escribió de madrugada. Me despertó. Y aun así, por la urgencia del caso, le hice la nota.

Así fue durante todo ese proceso.

Hasta que el tío falleció.

El muchacho me escribió para darme la noticia… y también para agradecerme.

Y vale aclarar algo: no era pariente de sangre de María Cornelia.

Meses después, yo estaba en la casa de mi actual “lamento haberte conocido”, cuando llegan la viuda del tío (hermana de mi suegra), la prima y su novio.

La tía y la prima… apenas me saludaron.

Un “hola” frío.
Un “chau” automático.

Indiferencia total.

En cambio, el novio, el único que no era de la familia, se acercó y, frente a todos, me agradeció.

Y ahí entendí algo que en ese momento todavía no terminaba de procesar:

el único que no tenía obligación de reconocer nada… fue el único que lo hizo.

Mientras tanto, los “propios”… ni eso.

Curioso, ¿no?


Comentarios

Entradas populares de este blog

Si te engañaron, leé esto

Las víboras me dan la bienvenida a la familia

El ángel con manual oculto