Yo desconfiaba, ella negaba, y otro participaba

Como había dicho en la publicación anterior (Empezó uno de sus peores engaños), a mí no me gustaba su comportamiento. Y los reclamos… bueno, los reclamos no servían de mucho.

Porque al final siempre era lo mismo:
yo era el problemático,
yo era el celoso,
yo era el malo por reclamar,
y —por supuesto— yo era “seguramente” el infiel.

Mientras tanto, su comportamiento seguía ahí, presente, pasando frente a mis ojos… y aun así tenía el cinismo de negármelo en la cara.

Si bien ella mantenía esas actitudes con varios, como ya conté, había uno en particular que me generaba más sospechas. No porque yo fuera “imaginativo”, sino porque era el que se mostraba más receptivo a todo eso.

Pero en algún punto, las cosas empezaron a escapárseles de las manos.

El tipo empezó a hacerse más evidente. Más insistente. Más presente.
Yo estaba ahí… y aún así, el juego de miradas entre ellos seguía.

Era chofer, la llamaremos Barny, y mucho tiempo después descubrí que el tipo era tan desastre que se prostituía con hombres; o sea, una joyita.

La situación llegó a un punto donde ya no podía negar lo obvio. Terminó admitiendo que sí, que se miraban… pero según ella, nunca había pasado nada más.

Por mi parte, yo seguía reclamando que eso termine. Aunque, siendo honesto, la desconfianza ya estaba instalada.

Y acá viene uno de esos momentos que marcan un antes y un después.

Un día salí a fumar a un costado. Al salir, veo al tipo corriendo hacia mi oficina, donde ella estaba. Pero al verme, se asustó y retrocedió.

Ahí, en ese momento, tomé una decisión: Dejarla.

La encaré.

Y ahí vino el giro inesperado.

Me dijo que había pasado algo grave en la oficina. Que ella estaba en el centro del problema. Empezó a llorar. Yo le insistí que me cuente. Incluso le dije que la iba a perdonar si me decía la verdad.

Y me contó.

Me habló de un hecho punible en su contra por parte de otra persona con un cargo alto. No voy a entrar en detalles porque eso derivó en un expediente judicial.

Y así, la pelota volvió a estar de su lado.

Yo arriesgué mi lugar de trabajo por defenderla…
y, en ese momento, elegí creer que la historia con el chofer había terminado, ya que tuvimos que pedir vacaciones y además a ambos nos cambiaron de sección y encima era la época del covid y así que al volver de las vacaciones sólo íbamos día de por medio. Así que esa historia con Barny pasó a un triste recuerdo ya que creí que terminó.

Pero no.

Seis años después descubrí todo lo que realmente había pasado con ese chofer ..y sí, también con otros.

Y eso, ese momento de revelación seis años después… lo voy a contar cuando llegue a ese punto de la historia. Porque sí, esto va en orden según la historia de la relación con María Cornelia. Y todavía falta bastante para ese momento.

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